
España es el justo campeón del Mundial 2026. Francia, pese a quedarse sin podio, volvió a demostrar que sigue entre las grandes potencias del fútbol. Pero una vez terminado el torneo, una parte importante del debate en Europa dejó de girar alrededor del título español para concentrarse en la Selección argentina y, especialmente, en Lionel Messi.
En cuestión de horas, el capitán argentino pasó de ser una de las figuras más admiradas del fútbol mundial a convertirse, para algunos medios y analistas, en el principal responsable de una supuesta falta de respeto durante la ceremonia de premiación. El foco dejó de estar en la conquista española para instalarse sobre la actitud de los subcampeones.
Una crítica desmedida
El principal cuestionamiento apunta a que varios jugadores argentinos no permanecieron durante toda la entrega de medallas al campeón y se dirigieron rápidamente hacia el sector donde se encontraban sus hinchas.
Puede discutirse si fue una decisión acertada o no. Incluso puede considerarse un error protocolar. Pero existe una distancia considerable entre ese debate y el nivel de descalificaciones que aparecieron en distintos sectores de la prensa y de las redes sociales.
La derrota nunca resulta sencilla de procesar, y tampoco es fácil administrar las emociones cuando acaba de escaparse un título mundial. Sin embargo, convertir ese episodio en una condena moral hacia todo un plantel parece, cuanto menos, una reacción desproporcionada.
La memoria también juega
Quienes hoy cuestionan la actitud argentina parecen haber olvidado escenas recientes de la historia de los Mundiales.
En la final de Qatar 2022, tras la consagración argentina, prácticamente no había jugadores franceses presentes durante la premiación. Aquella imagen no generó una ola internacional de críticas ni abrió un debate sobre el respeto al rival.
Algo similar ocurrió con la reacción de Kylian Mbappé al recibir el Botín de Oro como máximo goleador de aquel torneo. Su evidente frustración fue interpretada como una consecuencia lógica de la derrota.
Hoy, en cambio, cualquier gesto argentino parece ser examinado bajo una lupa mucho más exigente.
Messi, el blanco elegido
Resulta llamativo que Lionel Messi, ocho veces ganador del Balón de Oro y considerado durante años uno de los máximos exponentes del fútbol mundial, haya pasado a ser objeto de una campaña de cuestionamientos tan intensa.
El mismo continente que durante casi dos décadas lo convirtió en símbolo del fútbol ahora parece dispuesto a utilizarlo como principal destinatario de las críticas.
Las diferencias de criterio también aparecen cuando se analizan otras declaraciones o actitudes protagonizadas por futbolistas europeos que, en su momento, no despertaron una condena semejante.
Celebrar antes que atacar
España ganó el Mundial con autoridad y merece disfrutar plenamente de su consagración. Francia volvió a competir al máximo nivel y terminó entre los cuatro mejores equipos del planeta.
Quizá por eso sorprende que parte del debate posterior haya estado más enfocado en señalar errores del subcampeón que en destacar los méritos del campeón.
El fútbol siempre deja lugar para discutir comportamientos, gestos y decisiones. Pero también invita a poner cada episodio en perspectiva y evitar que una polémica termine opacando lo verdaderamente importante.
Después de todo, los Mundiales pasan, las rivalidades permanecen y siempre habrá una nueva oportunidad para volver a competir. Mientras tanto, quizá la mejor forma de honrar una victoria sea celebrarla, antes que construirla sobre la derrota del otro.

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